Estaba feliz, muy feliz.Mis padres me observavan mientras nuestras risas infantiles inundaban el aire.Corríamos por los recovecos de nuestra querida nave, jugando al pilla-pilla.Pero a mi siempre me pillaban.Nunca se me daba bien correr, pero lo aceptaba y difrutaban igualmente del juego.Pero cuando mis amigos y yo nos cansabamos, dormíamos la siesta, bajo la atenta mirada de nuestros padres.Pero me era difícil dormirme, pues a menudo soñaba despierta con correr aventuras.De repente, todo empezó a volverse borroso.Me resistí, era una visión muy bonita la que tenía ante mi, un grupo de amigos durmiendo mientras yo miraba las estrellas y el firmamento a través de un ventanuco de nuestra sala.Pero aquello fue lo último que divisé, y la visión se desvaneció ante mí, mientras volvían a resonar aquellas risas llenas de felicidad e inoncencia.
Poco a poco, note un sabor salado en el paladar, y mi aspiré el olor a sal del mar.Abrí los ojos y suspiré de alivio.Por primera vez desde el accidente, mi sueño no era una horrible pesadilla.Lo que había visto me trajo añoranza de mis años en la nave, con mis amigos.Pero bueno, quién sabe, igual todavía habría sobrevivido alguno.La verdad, nunca me paré a pensarlo.Me estiré, desperezándome y moviendo mis agarrotados músculos.La arena, fina y suave, había resultado ser un buen lecho para dormir, al contrario que suele pasar.Decidí darme un baño para despejarme, y de paso, lavar la armadura.Yuki todavía estaba dormido, asique lo hice en el máximo silencio que me fue posible.El paisaje ante mi era verdaderamente fantástico.Era todavía muy temprano, el cielo anaranjado empezaba a despertar, y el sol bostezaba, mientras sus primeros rayos cálidos acariciaban la isla.Me desvestí cuidadosamente, asegurándome de que no había ningún mirón, y dejé la ropa tras una roca.Me dejé mecer por las olas un buen rato, relándome y quitándme la sangre seca del día anterior.Cogí un buen puñado de arenisca y me froté a conciencia, eliminando toda suciedad presente.Repetí la operación con mi pelo, hasta que me aseguré, de que ningún insecto, palito o cualquier otra cosa quedaba enredada en mis ondas perfectas.Salí del agua, empapada, y me senté sobre las rocas, lejos de la arenas.Algo bueno de tener unas pezuñas esque no se te pega la arena mucho, no como les pasa a esos blandengues pies de las demás razas.Me eché la manta por encima, pues estaba empezando a tiritar.Mientras dejaba que las gotas de agua recorriesen mi cuerpo, juguetonas, contemplé la inmensidad del mar que tenía ante mi.Pensé en que haría después de hablar con el profeta Velen.Buscaría a mis amigos, pero…¿y si resultaba que estaban muertos, como mis padres?No soportaría volver a sumirme en la desesperación que me dominó aquellos oscuros años.De repente, caí en la cuenta de que estaba sola.Puede que tuviera muchos amigos repartirdos por el mundo, como Caylis, Galind, Trenton…Pero ninguno de aquellos me llenaba como lo hacían mis amigos de la infancia.Cuanto tiempo hacía que no compartía un secreto con mi querida amiga Lunaraa.O que no reía con un chiste malo de Reayar.O que…O que… y así podía seguir la lista.Suspiré, cuanto echaba en falta tener esos momento mágicos.Empezé a vestirme, y cuando me pusé mi camisa interior, me volví a sentar.Quería que la fresca brisa de el alba me acariciase un poco más, y alborotase mi pelo, húmedo y mojado.Recogí una flor del suelo y empezé a darla vueltas en mi mano, pensativa.
-Ojalá la vida estuviese llena de esos momentos mágicos que nos llenan de felicidad-dije en voz alta, sin pensarlo
Lo dije un poco para mi misma, para Yuki, que estaba pastando por el claro, para el mar, los árboles, en fin, para el universo.Pero no pensé que alguien me estaría escuchando.Cual fue mi asombro cuando una voz desconocida me contestó:
-Si la vida estuviese llena de esos momentos, ya no serían mágicos, serían normales-me contestó la voz
Me morí de la vergüenza.Siempre solía guardar mis reflexiones para mí, ya que a los demás solían parecerles alocadas y sin sentido.Pero para un momento de intimidad que tenía conmigo misma, tenía que haber alguien escuchándome.Volví a suspirar, mi suerte no podía ser peor.Entonces caí en la cuenta de que estaba semidesnuda, y me pregunté donde estaba la manta.La vi en el agua, flotando como burlándose de mí.Maldición, ¿porqué me tiene que pasar esto a mí?
-Seas quien seas, no se te ocurra acercarte, tengo un cuchillo y pienso utilizarlo-dije amenzadoramente
Se oyeron risas musicales al otro lado de la roca.Genial, encima se burlaba.Qué poco respeto, oye.
-No te parecerá tan gracioso cuando te abra en canal-repliqué sarcásticamente
-Oh oh, tranquilízate, no voy a acercarme a la roca, al menos no por mi propia pezuña.Sin embargo…
Se oyo com un chasquido y ¡pluf!, ahí estaba delante de mí.Era una draenei, alta y esbelta, con el pelo azul, aunque algo oscuro, recogido en dos moños.Vestía una túnica morada, confeccionada a mano, y con algunos dibujos intrincados, que parecían runas, qué se yo.Su piel era del color de la leche, blanca y pálida.Me miraba con una alegría que se reflejaba en su mirada limpia, y una sonrisa adornaba su rostro.Esto era muy extraño.Primero, una voz que me mete en un extraño trance para comunicarme que venga a mi tierra natal, cuando lo más fácil habría sido una carta.Luego, un demonio eredar intenta detenerme y llevarme con él ante su señor en el barco, y ahora una desconocida me asalta cuando estoy desarmada.Genial, y yo que pensaba que la vida no podía irme peor.
-Bueno, ¿y a tí que te pasa?¿te parece gracioso?-le dije
-Vaya vaya, que recibimiento más cálido, ¿es así como recibes ahora a las viejas amigas?-me replicó
-¿Perdón?¿He escuchado bien?-
-Perfectamente, oh…¿ya no te acuerdas de mí?Parece mentira que haya pasado tanto tiempo desde que me contabas secretos que nunca revelarías a nadie más.¿Tanto tiempo ha pasado que ni siquiera te dignas a recordarme?-me preguntó, apenada
Entonces, recorde quién era.Todas las imágenes de lo que había pasado con ella, venían a mi mente, iluminándola.Algo estalló en mi interior, que hizo que mi corazón saltase de alegría, las tripas me dieron un vuelco, y lás lagrimas acudieron a mis ojos.
¡Lunaraa!…-fue lo único que pude pronunciar
Me sonrió.Nos fundimos en un cálido abrazo, que me hizo sentir en casa.Mil emociones recorrían mi ser de arriba a abajo, y mi corazón palpitaba en mi pecho, feliz y lleno de júbilo.
-¿Pero…cómo?Yo…-intenté decir
-No te preocupes.Yo tampocó pense que estabas viva.Y me siento muy mal por ello, nunca pensé en buscarte siquiera.Me encerré en mi misma y lo único que me motivava a vivir eran mis estudios en la magia.¡Ahora soy una importante instructora, mi especialidad son los portales!-me anunció orgullosa
-Y los teletransportes también, por lo que he podido comprobar -una carcajado salió de su boca-pero entonces ¿cómo adivinaste que estaba aquí?
-Fue muy extraño.Estaba intentando conjurar un portal, cuando uno de los guardias reclamó mi atención.Al parecer, el naaru, O’ros del trono requería mi presencia.Fue él quién me advirtió de tu llegada, el gran O’ros.¿No es fantástico?-me señaló el paisaje
Estuvimos hablando largo y tendido.A mi todo me parecia una burla del destino, como si de repente todo lo que pensaba se hacía realidad.Al final, insistió tanto en hacerme el desayuno, pese a mis advertencias sobre los mal que me sentaban los croissants mágicos, que se lo acepté a regañadientes.Y esta vez no me sentó mal, gracias a la Luz.Me acompañó hasta El Exodar, consiguió una habitación en la taberna para mi sola y me dijo que cuando quisiera algo, estaría por la entrada de El Arca de la Luces, cerca de los portales y los instructores de magos y se desvaneció en el aire.Muy típico de ella, dejarme plantada.
Después de dejar mis pertenencias en la habitación, y conseguir un sitio en el establo para Yuki (fue difícil, ya que solo se admitían elekks y además el tipo me quería cobrar una barbaridad, pero le disuadí cuando le comenté que yo afilaba mi hacha con cabezas como la suya), me dispusé para hacer una visita al gran Velen.Jugueteaba con un mechón de pelo nerviosamente, mientras recorría la enorme sala de El Arca de las Luces.Se había anado ese nombre, sin duda.Enormes cristales con un brillo intenso decoraban la sala.El suelo estaba quebrado en varios puntos, pero eso no era ningún obstáculo, de hecho se repetía por todas las salas.El suelo estaba cubierto de runas llamativas y refulgentes, de un color rosa pálido.Una de las características de la sala, en la que me fijaba mientras caminaba, era en los emisores holográficos.Diez emisores holográficos que mostraban todos y cada uno de los esbirros de la Legión.Desde los eredar, enemigos acérrimos de nuestro pueblo, hasta los súcubos tentadores y diabólicos.Llegué a la escalera, sumida en mis pensamientos y subí peldaño tras peldaño, esperando que algún guardia me retuviera.Pero ninguno lo hizo.Cuando llegué arriba, note que alguien me observava.El gran profeta dirijía su mirada hacía mi.Quedé impresionada por el aura que despedía.Era…tranquilizador, como si volvier a estar en casa.El fue quién tomó primero la palabra:
-Acércate, muchacha, no te deseo ningún mal-me dijo con su voz grave
Me incliné ante él:
-Mis más honorables respetos, profeta.Que la Luz le abraze e ilumine su camino-le dije, como era mi costumbre
-Oh por favor, no te inclines ante mí.Al contrario, debería ser yo quién lo hiciera.Y puedes llamarme Velen, hija mía
Sentí como me sonrojaba, pues no estaba acostumbrada a que me rindiesen tales honores.
-Te estarás preguntando porque estás aquí, ¿no es cierto?-asentí- Quieres venganza por lo que les pasó a tus padres, ¿no es así, hija?-me preguntó
-Yo…bueno…pero…-no sabía que contestarle-En cierto modo, pero no se por dónde comenzar-Necesito saber.Necesito información-
Una información que no me había atrevido a buscar.Yo, como muchos de los que nacimos en la nave, que no quisimos tener información por miedo a lo que nos puediera paar.Preferíamos vivir en la ignorancia.Pero eso se había acabado.Ya no tendría más miedo.
-Quieres respuestas que no has tenido el valor de encontrar por ti misma.Y yo voy a dártelas.Pero utiliza sabiamente lo que te voy a decir, chiquilla:Kil’jaeden y Archimonde.Dos nombres que, tal vez a ti, no te suenen de mucho.Pero para mi, significan muchas cosas.Los que a una vez llamé hermanos, ahora son nuestros enemigos-abrí la boca para intentar articular palabra, asombrada, pero me interrumpió-No no no, esa historia tal vez te la cuente otro día.Lo que hoy te voy a contar, influirá sobre las decisiones que tomes a partir de ahora.Ahora escucha atentamente, hija mía…
“Hubo un tiempo en que no teníamos que luchar, vivíamos en paz, en nuestro hogar, Argus.Pero nuestra raza llamó la atención de Sargeras, al que llaman el Destructor de Mundos.Nos ofreció a nosotros, Kil’jaeden, Archimonde y yo, un poder inimaginable a cambio de nuestra lealtad hacia el.Pero yo fui testigo de una visión horrorosa:Sargeras convertía a nuestra raza, los eredar, en asquerosos demonios, los primero agente de la Legión.Yo me opuse, e intenté convencer a a los otros dos.Pero ellos aceptaron la oferta.Nos vendieron a Sargeras.Cuando todo parecía perdido, un naaru respondió a mi llamada, y guió a nuestro pueblo, mientras la Legión nos perseguía a lo largo del cosmos.Los naaru procedieron a instruir a los exiliados em todo lo relacionado con la Luz.Conmovidos, juraron abrazar y preservar estos ideales.Cuando llegamos a Draenor, lo que ahora es Terrallende, vivíamos en paz con los chamanísticos orcos.Pero Kil’jaeden había jurado darnos caza, y cuando se percató de la existencia de este mundo, manipuló al chamán Ner’zhul, que empezó a extender una corrupción demoníaca sobre los orcos.La embestida de los orcos corruptos fue brutalmente efectiva, pero un pequeño grupo de los nuestros perduró, inclusive yo.No nos quedó otra opción que tomar el control de uno de los satélites de El Castillo de la Tempestad, El Exodar y darnos a la fuga hacia Azeroth.Fue allí donde perdimos el control de este y se estrelló contra lo que es ahora nuestro hogar.
-Asique lo que voy a decirte ahora, tenlo presente en tu vida.Nos hemos pasado la mayoría de estos últimos años huyendoPero definitavemente, creo que hemos encontrado nuestro lugar en el mundo.Y nuestro pueblo, y toda la Alianza, necesita héroes como tu.Yo sé que no te conformaras con una vida en el Exodar, como tu amiga Lunaraa.No desprecio su trabajo, es muy buena instructora. Pero sé que no descansarás hasta verles muertos, a pesar de que hace tiempo que los perdoné por sus actos.He visto en tí el poder de la Luz.Ella te ha escogido para que seas su elegida, y yo no pienso oponerme a ello.Terrallende te necesita, para que sanes sus heridas.Ve en paz, hija mía, y que la Luz te guíe.”
Un silencio dominó la sala.Incluso los guardias que escuchaban atentamente, se quedaron asombrados.Velen acababa de contame su historia, nuestra historia, y me alentaba a encontrar mi destino.Más confusa de lo que había llegado, salí silenciosamente, hacía mi habitación en la taberna.Por el camino iba reflexionando sobre lo que el gran profeta me había dicho.Y antes de llegar a la taberna, me decidí.Prepararía mi equipaje, y mañana temprano, pediría a Lunaraa un portal a las Tierras Devastadas, donde se encontraba el Portal Oscuro, que me permitiría ir hacia Terrallende.Mañana, toda mi vida daría un giro y cambiaría…Mañana…
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Weno, igual es un poco larga, pero me ha parecido justo, ya que vamos a hacer una pausa en la historia jeje.A ver que os parece, que me comentáis, y si me queréis dar consejos mejor que mejor
.Acepto críticas, tanto si son buenas como malas e intentaré aprender de ellas ^^.Saludos!
Yeah!

